martes, 13 de junio de 2017

ELDA - La cruz de la victoria

La cruz de la victoria
Las tropas cristianas reconquistan la «eldense plaza» y toman el castillo tras la batalla de arcabucería y la lucha a espada de los protagonistas

Pérez Gil 06.06.2017 | 02:51
Momentos y escenas de la Estafeta y Embajada Cristiana, el espectáculo con el que se cerró ayer la primera parte del programa de actos de los Moros y Cristianos.
Momentos y escenas de la Estafeta y Embajada Cristiana, el espectáculo con el que se cerró ayer la primera parte del programa de actos de los Moros y Cristianos. ERNESTO SÁNCHEZ
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La Estafeta y Embajada del último día vuelven a ofrecer un gran espectáculo que congrega a numeroso público.
Elda vuelve a ser cristiana. Con la punta del acero y el fuego de la pólvora las tropas del Rey Don Jaime volvieron a derrotar a las huestes moras en una batalla del pasado y del futuro.

Faltaban unos minutos para la una del mediodía del quinto y último día de celebración cuando la bandera blanca de la cruz ondeó, de nuevo, en la torre del castillo de Embajadas. Lo hizo entre los aplausos, los vítores y los gritos de guerra de los arcabuceros Cristianos, Piratas, Estudiantes, Zíngaros y Contrabandistas que aguardaban impacientes frente a la Casa Consistorial. Pero el «espectáculo total» que los festeros de Elda representan durante la Estafeta y Embajada Cristiana comenzó a las once de la mañana bajo un cielo azul radiante. Volvía a congregarse mucho público en el lugar -aunque algo menos que otros años por ser lunes- preparado para combatir el calor y el sol con agua, abanicos, paraguas y pañuelos. Los tambores de guerra de la Zalagarda Contrabandista avanzaron lentamente por la calle Colón, hasta la fortaleza musulmana, con los estandartes de las cinco comparsas cristianas siguiendo al caballo de su Embajador. Y a las doce del mediodía tocó el clarín la primera llamada que obtuvo la respuesta esperada. «¿Quién llama?» preguntó el capitán mahometano. «¡Un caballero cristiano!», respondió el Embajador exigiéndole la rendición de la «eldense plaza» y la «entrega de Idella», advirtiéndole de que, en caso contrario, buscaría la cruz de la victoria con la punta de su acero. Arrancó entonces una dialéctica encendida, a golpe de verso y de gesto, cuando el Embajador Moro le dijo enérgico que «!la plaza no se entrega¡». Una extraordinaria representación en un escenario cuidado que concluyó cuando el Embajador Cristiano, «arrebatado por la ira», llamó a sus tropas a la «lucha, a la victoria» en una «guerra sin tregua», en una «guerra con venganza».

Con un atronador disparo al unisono comenzó la batalla de arcabucería entre Moros y Cristianos, con sus capitanes al frente, antes de que los Embajadores lucharan cuerpo a cuerpo espada en mano. Y cuando el cristiano dio muerte al moro en la almena la Embajada echó el telón.


(NOTICIA Y FOTO PUBLICADA POR EL DIARIO INFORMACIÓN)

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