sábado, 18 de julio de 2015

ORIHUELA - Desfile de la Gloriosa Enseña









Desfile de la Gloriosa Enseña
De todo... para el «caloret»
Cientos de festeros se remojan, por fuera y por dentro, durante el traslado del Oriol en un acto desenfadado, con bandas de música, baile y diversión a raudales

M. A. 18.07.2015 | 06:13
De todo... para el «caloret»
De todo... para el «caloret»
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Cientos de festeros preceden cada año a la Gloriosa Enseña del Oriol en su día grande por las calles de la ciudad. El calor o el «caloret», como decían muchos emulando a la exalcaldesa de Valencia, Rita Barberá, es un fiel compañero desde primera hora de la mañana y se combate de cualquier manera con bebidas de todo tipo y color (aunque la cerveza hace estragos entre los mayores y los refrescos entre los más jóvenes), como sombrillas, abanicos, sombreros,... es la fiesta en estado puro después de una larga noche que para la mayoría acabó de madrugada. Las gafas de sol y llevar bien guardado el móvil –uno, al final, puede acabar voluntariamente o no dentro de alguna fuente– son dos requisitos que se han hecho indispensable para todos aquellos que participan en un desfile que se viven en un permanente y perfecto desorden que contrasta con la oficialidad que se cierra con la comitiva de cargos.

Sistemas
Dos turistas, cámara en ristre, escuchan ensimismados el sonido de la música que dará paso en cuestión de segundos a una turba de festeros divertidos al máximo. Y cada año van a apareciendo nuevos sistemas para combatir el calor. Los más avispados han comenzado a instalar puestos ambulantes de bebidas otros; en cambio, han reconvertidos mochilas de ciclistas en lugares de acogida de otros líquidos más dulces. Los saludos entre amigos, como si hace una eternidad que no se vieran, se suceden.

La Gloriosa Enseña del Oriol es un símbolo que une y de qué manera. Cuando el séquito de la Iglesia abandona a las puertas de la Catedral de El Salvador a la comitiva que trasladará por buena parte del casco urbano durante más de dos horas al pendón de guerra, la diversión parece que crece de forma exponencial y estallará en su punto final: las puertas del Ayuntamiento de Orihuela.

En la Catedral se sumaron los dos concejales de Cambiemos, Karlos Bernabé y Marta Guillén, en mangas de camisa, cogiendo las cintas rojas unidas de la bandera de guerra y encabezando la comitiva oficial mientras que, tras ellos, el resto de concejales, ataviados como pinceles, los veían con ojos de cierta envidia. Y no era para menos. Algo del protocolo ha cambiado porque el alcalde autorizó algo que parecía impensable. Se ha abierto una puerta que habrá que cerrar a través de una ordenanza de protocolo o cada edil terminará acompañado al Oriol de cualquier manera.

Ayer el gentío que participó en la comitiva fue tal que prácticamente se juntó en el Puente Viejo la cabeza con la cola cuando ésta aún no había llegado a la Catedral. Lo protocolario del homenaje que se realiza en el monumento a la Armengola, fue retrasando el regreso a la Casa Consistorial, lo que se produjo cerca de las tres de la tarde. Las comparsas, con sus bandas, se fueron agolpando bajo un sol que caía a plomo, cada vez más apretados, porque la mayoría no había visto el acto con el que se abre el desfile: la bajada del Oriol desde el balcón, pero no faltaba ni uno a su regreso.

Remate
Es un momento de cumplimiento con la tradición, de pétalos que vuelan desde el cielo, de música y de escuchar el himno de la Comunidad Valenciana que buena parte de los asistentes acompañan en el momento más álgido: la bandera ya está situada sobre su peana y el remate final es la voz de cientos de festeros que soportan el sol y cantan. Es una imagen que se repetía ayer a las tres de la tarde, que merecería, sin duda, figurar en los anales de los actos fundamentales que uno debe ver alguna vez en la vida para saber, realmente, qué son las Fiestas de la Reconquista Orihuela.


(NOTICIA Y FOTO PUBLICADA POR EL DIARIO INFORMACIÓN)

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